martes, 2 de agosto de 2016

Baluarte

Hace años dejé que una persona me culpara de algo que no había hecho, y sí, asumo toda la responsabilidad por no haber sabido decir "no". 
Hace 5 años y 7 meses me apagué, como una vela que se queda sin mecha, como el último suspiro en unos labios moribundos. Hace 2046 días me convertí en una persona frágil, que se vació de tanto llorar, sin un ápice de amor por si misma, y todo porque me autoconvencí de que no era lo suficientemente buena para alguien que no me llegaba ni a la suela de los zapatos. 
Nunca me perdonaré creerme que era lógico que no me quisiera, que tenía sentido que se hubiera ido en búsqueda de otras bocas, de otras faldas. Nunca me perdonaré las lágrimas derramadas, los nudos en el estómago y la asfixia en los pulmones. Nunca me perdonaré haber dejado de ser yo. 
Erigí un muro infranqueable, cavé un foso tan profundo como las inseguridades que me acechaban, puse a mis miedos como ejército y me encerré creyéndome débil, y joder lo que me costó salir de ahí.

A día de hoy confieso que aún me cuesta, que a veces me flaquean las piernas y que vacilan mis convicciones. Confieso que tengo días buenos, malos, geniales y terribles, que aún quedan restos del baluarte que aquel día construí, y que estoy convencida de que nunca se derribará del todo.

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