lunes, 9 de febrero de 2015

Vienes y me abrazas, y el mundo se me echa encima porque yo ya no quiero tocarte pero mi piel se estremece cuando te siente cerca. Quiero apartarme, pero tienes un magnetismo que me impide separarme más de unos milímetros y por mucho que lo intento, te noto tan cerca que no sé si quiero salir corriendo o rozarte hasta impregnarme del perfume que brota de cada poro de tu cuerpo. Te miro, y recuerdo cómo dejabas que me perdiera en tu mirada sin posibilidad de salvación. Nunca fuiste capaz de tenderme una mano que me hiciera poner los pies en el suelo. Me desorienté, y cuando quise encontrar el camino de vuelta ya te habías marchado. Probablemente volaste porque no dejaste más huellas que un par de cicatrices en algún rincón de mí. Y ahora vienes, y me abrazas, y sé que ya no puedes huir porque gastaste las alas volando en otras vidas. Y tratas de sujetarme, pero yo ya no estoy porque nunca escogí el camino de vuelta que llevaba a ti. 

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