miércoles, 24 de diciembre de 2014

Siempre te gustó ver cómo me desperezaba por las mañanas, cómo me resistía a los primeros rayos de sol y cómo me escondía bajo las sábanas. Susurrabas que tus camisetas eran más bonitas cuando yo las llevaba puestas y que estaba terminantemente prohibido usar ropa interior.
Ahora se me queda grande la cama, nadie me roba las sábanas pero me falta calor. Ahora duermo con el doble de cojines y de mantas, y la mitad de ganas.

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