lunes, 22 de septiembre de 2014

Nunca nos pedimos ni perdón ni permiso. 
Normal que todo terminara mal.


Ahora otro me acorta la falda y me rompe las medias. 
Y me aparta los miedos con los dientes.
Nunca se te ocurrió rasgar algo que no fuera el corazón.

Han pasado 347 días desde que empecé a desempolvar fragmentos de un espejo en el que nunca nos llegué a ver reflejados. Y que aún así quebraste. 

Estaba acostumbrada a que la tinta supiera amarga, pero ahora escribo algo que no son lamentos y qué se yo, no está del todo mal. 

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