lunes, 11 de marzo de 2013

Nos dijeron que no tuviéramos prisa por crecer. Les ignoramos. Ahora nos lamentamos.

No queríamos ser mayores, queríamos ser eternos. 
El tiempo ha pasado y no sé ni cuando ha ocurrido. 

Hace nada era una niña que pensaba que sufrir era estar triste por no tener caramelos, que llorar sólo era causa de que mi madre me riñera. Hace nada pensaba que lo peor que te podía pasar era contar una pequeña mentira a tus padres y que te pillaran. Me gustaban esos tiempos en los que mi único amor verdadero era mi peluche favorito. Que equivocada estaba.
Ahora que he crecido me he hartado de comprobar que sufrir es más que estar triste porque te falta algo, es notar como una parte de ti se marchita y a veces no sabes ni el motivo. Llorar no es sólo cosa de niños, es estar al borde de un precipicio y empezar a desbordar sentimientos. Amar no es aferrarte a un osito de peluche y pasarte horas jugando. Amar es que me sonría el alma cuando pasas. Amar es morir de felicidad y de dolor al mismo tiempo.

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