jueves, 15 de noviembre de 2012

Uno, dos, tres... Diez

Y después de tanto tiempo, volviste, y me pediste que no dijera nada, que cerrara los ojos y contara hasta diez. 

Uno. Acariciaste mi mejilla. No recordaba cómo era el tacto de tu piel.
Dos. Me apartaste el pelo con suavidad y dibujaste la silueta de mi tatuaje con la yema de tus dedos. 
Tres. Recorriste con tus manos mi cuello, bajaste por los hombros y rozaste mis brazos, dejando caer los tirantes del vestido. 
Cuatro. Te deslizaste hasta mi cintura, y con un susurro me dijiste que estaba preciosa. 
Cinco. Me pediste que me girara. Otro susurro. La piel de gallina.
Seis. Deslizaste tus labios por mi nuca. Lento. Tierno.
Siete. Buscaste mis manos y entrelazaste nuestros dedos. Como siempre. Como la última vez.
Ocho. Me giraste y me pediste que abriera los ojos, despacio. Me reencontré con los tuyos y me perdí, otra vez. 
Nueve. Apoyaste tu frente en la mía. Pediste perdón por marcharte y juraste no volver a hacerlo.
Diez. Te acercaste. Me miraste. Me besaste. Nos besamos. Nos miramos. Nos quisimos.

Y después de tanto tiempo, volví, me desperté. Y me pedí no contárselo a nadie, que en mis sueños seguías junto a mí. 

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