lunes, 3 de septiembre de 2012

Mujer de sueños rotos

Tímida e inocente, perdida entre la multitud, desconocida entre la gente. No era de grandes promesas, sin embargo intentaría bajarte el sol y la luna si tan solo te acercas y la besas. Acostumbrada a huir de lo que quiere, susurra por lo bajo sus deseos, por miedo a sentir lo que más teme. Muchas veces cree que la vida le entorpece, que no le deja ni ser feliz viendo como la pena de su corazón crece. A veces sólo quiere que alguien la rescate, cualquiera que la saque de su invisible castillo y al monstruo mate. Muchas otras le basta con un meterse en la cama bajo las sábanas, que le den un abrazo y le digan, buenas noches princesa, hasta mañana.

Y no es que el recuerdo le abrume. Espera de su presente la esencia de aquello que un día le avivó, haciendo de su futuro una quinta estación; alegoría de un tiempo frío que alguien congeló. Aún desconozco si con miradas o palabras, pero me basta saber que murió y que excusa un carpe diem por ser otro "yo". ¿Alguien sabe si bastará? A mí me haría falta tenerte tan cerca y poderte abrazar, y no es que sea mi única solución, pero yo me conformo con poco y si aclamo un beso puede que se convierta en mi último adiós. 


Y este maravilloso final viene de la mano de mi querido Albert Espinar. 
Eres mejor de lo que puedas llegar a imaginar.

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