domingo, 16 de julio de 2017

Á flot.

No hagas pie.
No te hundas.
Lucha por mantenerte en la superficie.

Llegaste hasta la mitad de la nada acompañada de alguien que lo único que hacía en la vida eran aguas. Estabas tan acostumbrada a que no hubiera tierra firme a tu alrededor que aprendiste a nadar antes que a caminar. Siempre creíste que las lágrimas eran parte de tu naturaleza y que el mar era tu descanso y que la brisa era el abrazo que nunca nadie te daba. 

Los días pasaban y a pesar de todas las tormentas nunca llegaba la calma. Cada vez te creías más los cuentos de piratas que te contaron cuando eras pequeña, y menos la existencia de criaturas mágicas que salvaban náufragos perdidos en alta mar. 

Buscaste consuelo en los dioses pero ni Anfítrite ni Poseidón parecían escucharte. Confiabas en la existencia de las nereidas para aferrarte a algo y no te sentías lo suficientemente valiente como para echarlo todo por la borda y reencarnarte en espuma. 

Sin saber cómo ni por qué te encontraste sola, sin más compañía que las mareas, y sin más ganas que las de flotar hasta donde alcanza la vista, con la esperanza de caer al vacío bajo la falsa creencia de que la Tierra es plana. 
Realmente nunca te hizo falta nadie, te bastabas contigo misma para complicarte y solucionarte la vida, y eso era lo que enamoraba de ti; eso, y tus largas piernas que se movían al son de las olas sin nada que envidiar a la cola de una sirena; eso, y tu cobriza melena que bailaba sin miedo con el viento haciéndole la competencia al atardecer. 

Nunca dejaste de luchar a pesar de que, en más de una ocasión, te flaquearon las fuerzas. Descubriste que la valentía no era dejarse llevar ciegamente por promesas vacías, sino aprender a respirar, aunque los pulmones desboraran agua. 

Te convertiste en leyenda, en Diosa, en musa. Muchos te buscaron en la profundidad del océano, en los barcos hundidos, en las costas bañadas por el mar. Fuiste ese tesoro escondido en los mapas ya borrados. Fuiste mar. Fuiste tú.

viernes, 14 de abril de 2017

No le debemos nada a nadie

Nunca he sido la chica más lista de la clase, ni la más guapa, ni la más graciosa. La verdad es que nunca he destacado por nada. Toda mi vida he tratado de pasar desapercibida, pegada a la pared, con la cabeza agachada, sin llamar la atención de nadie.
Nunca he sido de las que se cambiaban de ropa en el ascensor de casa y de las que "dormían en casa de una amiga". El toque de queda sí me lo saltaba, pero eran cosas de la edad.
Nunca he sido de las que querían estar delgadas y tener piernas infinitas con las modelos, nunca me preocupé demasiado por mi imagen.

Pero llegó un día en el que todo cambió.

La gente de mi alrededor no dejaba de hablar de que había que adelgazar porque usar una 38 ya era demasiado. El gilipollas de la clase de enfrente y sus amigos no dejaban de llamarme "cara de ratón" y yo les rehuía en todos los pasillos para no cruzarme con ellos. Las "pijas" de mi clase querían que me declarara a un compañero para convertirme en el hazmereír de la semana. Empecé a ver mi cuerpo y mi cara como algo que tenía que cambiar para poder encajar. 

Y lo lograron. Durante una época, en mi diario, escribía sobre el peso que tenía que perder, sobre el miedo que tenía de cruzarme con algunos chicos en el instituto, sobre cómo jamás le gustaría a alguien. Permití que gente que me importaba una mierda me lavara el cerebro, me moldearan a su gusto.

Con el tiempo aprendí que hay personas que te quieren cambiar, a peor, para ponerte a su mismo nivel. Aprendí que si hay que cometer errores y cambiar, hay que hacerlo por uno mismo.

No le debemos nada a los demás.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Querida yo del pasado

Sí, en unos años seguirás siendo igual de desastre que como eres ahora, descuida.
En un futuro no muy lejano te darás cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, así que aprovecha que vamos cuesta abajo, sin frenos y con el viento a favor.
Desde aquí te prometo que todo va a salir bien a pesar de los baches y de algún que otro muro que no vas a ser capaz de atravesar, pero encontrarás otro camino que no será el mejor, pero te va a servir. Siempre hemos sido bastante apañadas.
Sí, vas a querer rendirte, tirar la toalla y decir “hasta aquí”, pero te aseguro que te vas a levantar, como cuando te caíste la primera vez que te montaste en los patines. Vas a darte casi tantos golpes como decisiones tomes, pero te puedo adelantar que los estudios y los amigos a los que llamarás familia van a salir a pedir de boca.
Vas a viajar, no tanto como te gustaría pero los viajes que hagas van a ser de los buenos, de esos que conoces lugares y gente maravillosa, que no será para siempre pero que te acompañarán lo suficiente como para dejar huella.
No le des demasiadas vueltas a cómo es tu cuerpo, va a seguir cambiando y te prometo que vas a lograr estar en paz con él, que habrá complejos pero también aceptación y cariño.
Sí, vas a enamorarte de un gilipollas, varias veces además. Aunque también vas a conocer a chicos geniales a los que les romperás el corazón, pero no te confíes que también te va a pasar a ti y querrás mandar todo a la mierda, pero no lo harás porque nunca hemos sido de quedarnos enterradas bajo las ruinas.
Te prometo que vas a sobrevivir a todo lo que te venga. No te voy a mentir, vienen tiempos duros y vas a tener que sacar fuerzas de dónde crees que no tienes, pero saldrás a flote.

Nos quiero.